
"Respetemos eternamente el vicio y no combatamos sino la virtud." - De nuevo, El mismísimo Marqués.
Al igual que Amélie Poulain en Le fabuleux destin d'Amélie Poulain o que Tallahassee en Zombieland, (dos películas que espero ya hayan visto) yo creo que la felicidad de cada persona reside en pequeños placeres mundanos. Cagar, coger, cagar y fumar, coger para después fumar, leer, orinar mientras dejas tu pisto en la cisterna del baño, arroparte en la cama mientras del otro lado de la ventana se está cayendo el cielo, ver una película, embriagarte, armar un porro y tirarte a consumirlo en la playa.
Personalmente, yo suelo hacer escapadas mensuales a la playa y se me van los días con la mujer en turno. Bebemos, fumamos, dormimos, cogemos, salimos. Y a decir verdad, prefiero esos dos o tres días de auténtica felicidad cien por cien mundana que una vida llena de lujos, carros y falsas pretensiones que dictarían mi estatus.
Miles y miles de personas pasan sus vidas tratando de conseguir una casa en SuPutaMadreReal Residencial, un carro alemán que corre a una velocidad que jamás podrás usar donde vives, una vieja buenísima llena de silicón que te va a dejar en cuanto llegue un vato con más varo. Van a pasar su vida acumulando riquezas que muy posiblemente no van a disfrutar. Están ciegos ante las maravillas de la vida.
Es por todo esto que yo defiendo un estilo vida hedonista. Y bastante bien justificado. Haz lo que tengas que hacer si así lo deseas y te causa placer.
No me van a decir que la morra cagando en la foto no está feliz. Les publico esta entrada desde el baño.